Almeriensadas

¡Almería! Los que odian la feria te saludan

Doce, doce motivos de peso. Había más, pero el autor se ha ido al bar a calentar con la preferia

En lugar de abanicos el Ayuntamiento debería regalar pañales de adulto (o sondas) para la Feria de Almería. Es una de las principales conclusiones a las que llego tras preguntar a través de mis redes sociales y contactos de Whatsapp razones para odiar la Feria de Almería.

Como recibí cientos de mensajes tanto en público como en privado, evitaré poner nombres propios al furor anti feria y me limitaré a resumir las razones más esgrimidas por aquellos que cada año tratan de evitar los efluvios de las fiestas patronales o huir bien lejos.

Algunos de los adjetivos que utilizan los haters de turno para referirse a la feria son: chabacana, hortera, cutre, rancia, casposa… En mi caso personal adoraría la feria (con sus defectos) si fuera en el mes de octubre o noviembre, que son meses geniales para disfrutar la calle en Almería. Pero lo de beber a 40 grados a la sombra, distinguir el bouquet de 70 tipos diferentes de sudor y orina en cada esquina y arriesgar mi pie semidesnudo a cortes con cristales de las copas rotas como que no… Me dirás, “eres un viejo”. Joder, tienes razón, ya lo era hace 20 años cuando me pasaba 10 días de feria.

Pues así están las cosas, amiguetes. Y esto es lo que menos soportan aquellos a los que les ha dado por odiar la Feria de Almería:

Los aromas de la orina y el sudor

La feria saca el talento oculto de los artistas escatológicos, los grafiteros de la orina que todos llevamos dentro. El centro entero se convierte en un lienzo en blanco para la urea. Paredes, portales, los huecos entre coches y contenedores, los árboles… No culpéis a estos feriantes poseídos por la necesidad. Usarían los baños públicos, pero suelen estar ocupados por consumidores ocasionales de cocaína que necesitan sitios asépticos para satisfacer su curiosidad estupefaciente colectiva.

Podríamos llevar todos amarrada al cinto una botellita de agua y vinagre como los paseantes de perros, pero después del quinto cubata también nos beberíamos este combinado salvaje.

Otro motivo para odiar la Feria de Almería es ese sudor recocido colectivamente al sol de agosto cuya presencia va creciendo al mismo ritmo vertiginoso al que se consume alcohol. Algunos se atreven a describir la punzada olfativa de sudores y halitosis etílicas como “olor a cebolla pochada” o “aliento a alcantarilla”.

Motivos para odiar la feria de Almería
Sobresaltos en la Feria de Almería – Foto cedida por Chema Artero.

El calor

Lo facil sería culpar al calor de los desagradables olores de la feria, pero… Con el buen clima que tenemos en Almería, ¿no habrá meses mejores para brindar y bailar en la calle?. En agosto las chanclas se pegan al suelo de los pubs como si fuera Nochevieja, hay contactos húmedos con cientos de personas en un espacio reducido, pero sin los placeres exuberantes de una orgía. Algunos con edad y memoria proponen recuperar la Feria de Invierno de los años 60. Yo que nací en democracia no sé de lo que hablan, pero voto por ello.

La gente, mucha gente

En la feria” hay más gente que personas“, como dicen en algunos pueblos. Aquí me váis a permitir que cite al maestro del insulto ilustrado, Arthur Schopenhauer (1788-1860): “Sabido es que los males se soportan mejor en compañía. Parece que la gente cuenta entre ellos el aburrimiento, por eso se juntan unos con otros para aburrirse en común”. No me imagino a Schopenhauer haciendo cola por un abanico, ni peleando por una paella infame en una barra metálica mugrienta. Y eso nos lleva a hablar de:

La gastronomía

Feria de Almería: Cerveza caliente y tapa fría”. Este sería el slogan gastronómico más fiel durante las fiestas patronales. Es sobrecogedor el surtido de migas y paellas que no le darías de comer ni a tu peor enemigo en momentos de sobriedad. Un maltrato sistemático a la tapa almeriense, al decoro y al buen gusto. Ni la merienda de los toros se libra: que si es “pasar hambre”, que si las medias lunas “¿A quién se le ocurre poner un bollo dulce cuando se puede poner uno salado?”.

La música

El libro ‘Música de Mierda’, de Carl Wilson comienza con una cita del músico de culto Momus: “El infierno es la música de los demás”. Razón no le debe faltar cuando gran parte del odio a la Feria de Almería se dirige a la música. Especialmente al reggaeton y a las sevillanas, más si el volumen es alto. Conviene subrayar que el abuso de ‘Chiquilla’, de Seguridad Social es inaceptable. ¿Y de las charangas?, ¿nadie va a decir nada de las charangas?

Cuando la Feria de Almería tenía identidad propia (la nostalgia colectiva la sitúa en el Puerto) era capaz de inspirar a artistas internacionales con insomnio provocado por los altavoces de Hamburguesas Uranga para hacer uno de sus hits más conocidos:

Los abanicos

Los abanicos de la Feria de Almería dan todos los años mucho juego en redes sociales. La ciudad se divide en dos: los que hacen colas kilométricas al sol (y los que se cuelan) para pillar una unidad de este preciado objeto de coleccionista sin valor económico alguno, y los que se burlan y/o soprenden de los que hacen cola. ¿Si se vendieran a un euro alguien iría a buscarlos? Personalmente me sorprende más la cola de La Cabaña del Tío Tom.

Los niños

Algunos no dudan en desnudar su alma y señalar a sus propios hijos y el saqueo económico que supone llevarlos a los cacharricos de la feria. Hacen falta más valientes como vosotros, de verdad. Necesitamos personas que cuestionen los valores sociales más elementales. Pero dejadme que os diga una cosa: La culpa es vuestra. Por llevarlos la primera vez a la feria, y por dejar que socialicen con otros niños de su edad con la vuelta al cole. Por no hablar de las consecuencias de distraerlos desde bebés con Youtube. Ahora saben latín. Alguien tenía que decirlo.

El medio ambiente

El plástico de un solo uso es el tema del año. Parece que lo acabamos de descubrir. Pero es así, los residuos plásticos que generan festivales y ferias son brutales.

Un amigo ambientólogo dejaba en mi muro de Facebook el siguiente comentario: “Es una enorme oportunidad perdida para dar ejemplo en materia de reciclado y recuperación selectiva de residuos. Lejos de usarla para concienciar tanto a la población como al sector hostelero, lucir los contenedores de recogida selectiva y sacar pecho cuando termine de la cantidad de envases de plástico o vidrio que se recuperan, se hace totalmente lo contrario. Ya hay ejemplos de ciudades que han puesto en marcha diferentes iniciativas en sus fiestas para reducir el consumo de plástico y facilitar su recuperación”. No estaría mal ir pensando en alternativas para próximas ediciones.

El código de vestimenta

No me esperaba esto, pero algunos odian la feria por como visten los demás. Yo, que me visto solo por tener un sitio donde llevar las llaves y la cartera, no acabo de entender la ofensa que puede provocar un sombrero de paja, unos vaqueros piratas, una camiseta de tirantes o unas chanclas. Es más, prefiero cualquiera de las anteriores a la gente sin camiseta.

Pero ya puestos, en estos tiempos que tiras una piedra al aire y le cae a una influencer de moda, pidamos que redacten un código de vestimenta para la Feria y a ver si entre todos lo imponemos. Yo empezaría por camisetas y camisas de color blanco donde se vaya dibujando el mapa de manchas de vino, cubatas, arroces fluorescentes, pinchos morunos… el mapa que te dirá cuándo tienes que irte a casa. La vocación de servicio público me puede.

Odiar la feria de Almería
Feria de Almería al mediodía – Foto: Benreis. Bajo licencia Creative Commons.

La sevillanización

Alguno se quejan de la insistencia en “sevillanizar” la Feria de Almería, sustituyendo nuestro folklore y tradiciones por las de la capital andaluza. Que no digo yo que no tengan razón. Pero imagino una feria exclusivamente inspirada en las tradiciones y folclore local y todo el mundo pasándola en la playa. Vamos a darle una vuelta a esto.

El Día de la Marmota de los periodistas

Bueno, aquí el sesgo es grande. Mi agenda está llena de periodistas y ellos se quejan básicamente de tener que trabajar durante la feria y de tener que contar año tras año las mismas cosas de la misma manera. Algunos recuerdan los “estrujones al cerebro para intentar sacarte todos los días cuatro páginas sobre la NADA”. Es el Día de la Marmota de la prensa local, que solo cambia (a peor) si coincide con una huelga de basuras, como en 2005. Aunque como lector comparto ese sentimiento de rutina perniciosa también os digo que este año vamos a echar de menos las crónicas socarronas de feria de Sergio G. Hueso en Ideal Almería, que ha sido liberado del calvario. Vuelve, bro.

Los borrachos brasas

Durante la feria, los elegantes dipsómanos habituales pasamos desapercibidos. Pero aparece el borracho de temporá, el de los días señalaitos. El borracho brasas… El que consigue aislarte del grupo y te acorrala en una esquina para encadenarte a un monólogo interminable al que no encuentras salida educada.

Personalmente no soporto a los que te hablan al oído a gritos y perdigonazos de saliva mientras tratan de convencerte de… alguna mierda de borracho. Pero hay un antídoto en forma de frase mágica: “pues ahora que lo dices, a mi los Beatles (sustituya por cualquier otro concepto) siempre me han parecido muy sobrevalorados”. PUM!! la cabeza explota.

A pesar de todo lo escrito anteriormente, estoy seguro de que todas las personas que me han argumentado sus motivos para odiar la feria son seres sociales y tolerantes, y en el fondo aceptan de buen grado que sus conciudadanos aprovechen estos días de asueto para divertirse colectivamente en honor a la Patrona.

Tanto argumento para odiar la Feria de Almería ha despertado mi curiosidad, y aunque llevo varios años sin pisarla, este año voy a darme una vuelta (o cuatro), aunque sea por puro interés sociológico.

¡Feliz Feria de Almería a todos! (incluidos los haters).

Puedes leer otros temas (más serios) de la Feria de Almería en este enlace.

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Curro Lucas

Periodista especializado en gastronomía y nutrición por la Universidad Complutense de Madrid, escribe desde hace años casi en exclusiva de gastronomía y viajes. Forma a periodistas y blogueros de todo el mundo a través de la plataforma digital The Foodie Studies y le encanta cocinar para los amigos. También tiene (abandonado) un blog de recetas y rocanrol que se llama Recetas en Tres Acordes. Ha viajado por 20 países y le sabe a poco.

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