Gastronomía

Almería suspende en bares de vinos

El desconocimiento, el modelo económico de la tapa, el factor precio o la falta de exigencia del consumidor podrían ser algunos de los motivos

España encabeza el ranking internacional de bares por habitante. En Almería andamos bien servidos de barras donde acodarnos. Pero, ¿si hablamos de bares especializados en vinos? Pues mal. No lo digo yo (que también), lo dice un reciente estudio, Ranking de las ciudades españolas con mayor número de bares especializados en vino’, realizado por Likibu, motor de búsqueda dedicado a la comparación de alquileres vacacionales.

Según sus datos, Almería capital ocupa el puesto 31 de 35 ciudades evaluadas en el ranking, con 5,01 bares especializados en vino por cada 100.000 habitantes. La metodología (bastante cuestionable) para realizar esta clasificación ha sido comparar el número de vinotecas, bares de vinos y tabernas existentes en cada ciudad en Google Maps entre los días 4 y 15 de noviembre de este año. Para compararlo con la población se han cruzado con los datos del INE de 2018.

Al margen del poco rigor de este ranking (Madrid ocupa el último puesto), lo cierto es que cualquier aficionado al vino en Almería capital sabe lo difícil que es encontrar bares de tapas que cuiden su bodega. ¿Cuáles son los motivos? Pues me atrevería a decir que algunos son los siguientes:

El hostelero

En general el hostelero sabe poco o nada de vino. Por lo tanto, a la hora de la verdad se dejará aconsejar por el distribuidor o sus comerciales y el precio (a la baja) determina en muchas ocasiones las elecciones de bodega. Y más allá de la selección de referencias, si me pongo tiquismiquis mejor no hablar de la conservación del vino en los bares, tanto antes de abrir las botellas como después. O de la temperatura de servicio, las copas, o la falta de información más básica sobre las características del vino que te sirven, o la falta de formación del personal de sala.

El modelo de la tapa

El modelo económico de la tapa es un lastre para el sector. Es una verdad que lleva años en un debate fuera del radar de la opinión pública y que exige un replanteamiento de la hostelería local. La tapa ‘gratis’ en un contexto en el que los precios suben (alquileres, impuestos, vino, materia prima, energía…) influye directamente en un descenso de la calidad (de las tapas, del servicio y por supuesto, del vino). Si a esto le añadimos esa carrera ciega en la que andan los hosteleros por satisfacer todas las manías y antojos alimentarios de los clientes con cartas de 80 tapas, la meta es el abismo.

El consumidor

Hay una parte de los consumidores en Almería a los que la calidad les importa poco. Solo quieren socializar en el bar mientras se hinchan a bebida y tapas (grandes) por menos de diez euros. Lo entiendo porque, como autónomo, en mis meses malos, priorizo la socialización en el bar antes que el hedonismo gastronómico.

Lo cierto es que los sueldos en Almería no dan para más. Especialmente teniendo en cuenta que a la mayoría nos gusta salir más de un día a la semana. Pero parece que el sector hostelero está luchando por este consumidor, que si bien puede sumar una gran parte de la clientela, no es el que más margen deja. Se sabe por diferentes estudios que el aficionado al vinos interesa a los locales al menos por tres motivos: Es fiel a los sitios que le gustan, arrastra a otros consumidores y suelen gastar más en platos para compartir y botellas. Es decir, aumentan el ticket medio de los bares y en productos con más margen que la tapa. La calidad, amigos, se paga.

Los distribuidores

Muchos distribuidores de alimentación y bebida tampoco conocen en profundidad el mundo del vino. Eso se traduce, en el mejor de los casos, en compras sin criterio y, en el peor, en almacenamiento de cajas de botellas en condiciones poco óptimas para la conservación de las cualidades organolépticas del vino. Los distribuidores sacan partido del desconocimiento del hostelero y de la falta de exigencia de calidad por parte del consumidor. El vino barato campa a sus anchas en este contexto. Si prestáis un poco de atención veréis los mismos seis o siete vinos repetidos en la mayoría de bares de la ciudad.

La presión de las 3R

No hablo de Reducir, Reutilizar y Reciclar. Me refiero a Rioja, Ribera y Rueda. Las tres denominaciones de origen que copan el mercado en la hostelería local. Generalmente de gama baja y en ocasiones difíciles de beber. Parece que no hubiera interés ni por parte de los consumidores ni los hosteleros en la riqueza vitivinícola que tenemos en España, con multitud de zonas productoras y decenas de variedades de uvas interesantes para combinar con nuestra gastronomía. Y sí, también vinos de Almería (guiño, guiño).

Seguro que hay más factores que marcan esta deficiente atención al vino en la hostelería pero me planto aquí por el momento. Y esto, amigos, también es Almería 2019.

Bares de vinos que sí

Pese a todo lo anterior, y teniendo en cuenta que hablo en líneas generales, también admito que hay bares de tapas en Almería capital donde poder chatear con vinos en condiciones. Algunos son: Salitre (Calle Granada), Café Cyrano (Méndez Núñez), Entrevinos (Francisco García Góngora), Brusketta la Sarda (Martínez Almagro), Entrefinos (Padre Alfonso Torres), Bodega Aranda (Obispo Orberá) y alguno que se me olvida.

¿Y qué pasa con los restaurantes? Pues aunque en la capital escasean, lo cierto es que es más fácil (y lógico) encontrar buen vino (por botellas) en los establecimientos de mesa y mantel. Están los que conocen bien el sector vitivinícola y eligen con criterio y personalidad, y los que no conocen pero apuestan por marcas que trabajan bien el marketing para satisfacer a los clientes que buscan referencias conocidas. En algunos de ellos también se puede tapear en sus barras con buen vino (a veces con suplementos) , como es el caso de Casa Sevilla, Travieso, Taberna Añorga, Valentín, Casa Joaquín o Tony García, entre otros.

¿Añadirías alguno más? Para todo lo demás, cerveza.

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Curro Lucas

Periodista especializado en gastronomía y nutrición por la Universidad Complutense de Madrid, escribe desde hace años casi en exclusiva de gastronomía y viajes. Forma a periodistas y blogueros de todo el mundo a través de la plataforma digital The Foodie Studies y le encanta cocinar para los amigos. También tiene (abandonado) un blog de recetas y rocanrol que se llama Recetas en Tres Acordes. Ha viajado por 20 países y le sabe a poco.

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