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¿Conoces estos mitos de la Almería rural?

Tesoros escondidos, enanitos, gigantes y otras historias

En todas partes existen mitos y leyendas, algunos suelen ser bastante populares, pero otros solo son conocidos por la gente de la zona de donde provienen. Te dejamos algunos mitos de la Almería rural que probablemente no conocías.

Los enanitos de Vera

Según el libro de la feria de Vera de 1966:

“El paraje llamado El Zorzo es el más apartado y solitario de cuantos existen en esta comarca. Desfiladeros, hondonadas y barrancos, casi en perpetuo estiaje, se suceden en grandes extensiones sin encontrar una sola vivienda humana. Un silencio de pavor y de misterio reina en el paraje donde ni las aves anidan y sólo las alimañas se escurren entre los matorrales al paso del atrevido viandante.

Dos olivos casi milenarios, plantados a escasa distancia uno del otro, guardan la entrada al desfiladero que permite el paso al viejo camino o vereda que une los pueblos de Antas y Cuevas. Los retorcidos troncos de los añosos olivos han creado en la fantasía de los campesinos mil formas de duendes, fantasmas, muñecos, enanos, etc., asegurando las gentes que cuando alguien, después de la caída de la tarde, osa tomar el camino, al llegar a la altura de los olivos, dos enanitos de ínfimas proporciones descienden de sus viejos ramajes llevando sendos látigos. Entrado el caminante al desfiladero, es seguido de cerca por los pigmeos que poco a poco van creciendo hasta alcanzar colosales dimensiones. Pero he aquí lo más curioso e interesante:

Si el caminante es bueno y honrado le siguen en ademán desprotegerle, mas si es pendenciero y valentón, una lluvia de latigazos caerá sobre sus espaldas hasta alcanzar al pobre caminante molido y maltrecho”.

Los gorriones de Castala

Se dice que los gorriones de Castala no atacan los sembrados de la zona desde que San Tesifón, discípulo de Santiago que vino a evangelizar España, rezó para que los pájaros no se comiesen las cosechas. Además, este discípulo vino a establecerse en una cueva próxima al lugar, desde donde llamaba con la mano a los gorriones. Con cuidado los cogía y les colocaba en el pico el grano que habían de llevar a sus temblorosos hijuelos.

Historia recogida por Antonio Rubio Gómez, maestro y escritor granadino, afincado en Almería desde 1857, de tendencias políticas progresistas y destacado promotor de entidades culturales.

Tesoros escondidos

En la Alpujarra siempre ha habido leyendas de riquezas ocultas envueltas en misterio.

Por una parte está la ‘Cueva de la Sabina’, mina del tiempo de los fenicios, acerca de la que rescatamos las palabras del Botánico Boissier. En su diario de los Alpes a Sierra Nevada (1837) escribió:

“Otra vez, el encargado de la mina de Berja, a la vuelta de una excursión que venía de hacer, me contaba mitad risueño, mitad avergonzado, que me había seguido de lejos, espiándome todo el tiempo porque había visto dirigirme a un lugar, donde según una vieja tradición, existían metales preciosos pero escondidos en el suelo a gran profundidad”.

Por otra parte, se cuenta que en la Cueva-mina del Sabinal de Dalías hay pasadizos secretos que forman un laberinto que conduce a un increíble tesoro.

Sepultura del Gigante

Entre los vecinos de Laujar y Fondón es conocida la ‘Sepultura del Gigante’, en Sierra de Gádor. Es llamada así porque se cree que en un tiempo residieron allí cíclopes. Una lucha entre ellos produjo el lanzamiento de grandes piedras en las que quedaron sepultados.

Otra versión, muy similar, de esta leyenda popular dice que hubo dos gigantes, uno en Sierra de Gádor y otro en Sierra Nevada. Un día se pelearon y comenzaron a lanzarse piedras y al final quedaron enterrados bajo las mismas.


Si te ha gustado este artículo sobre los mitos de la Almería rural, seguro que te interesa ‘La Leyenda del Arrecife de las Sirenas’.

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