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La revolución y la diarrea

¿Podríamos equiparar un intestino irritable al malestar de una nación? ¿Qué estómagos han sido más sensibles a lo largo de la historia, los de los franceses o los de los rusos? ¿Presentía Napoleón el advenimiento de una revolución cada vez que se echaba la mano a la barriga o sólo eran gases? ¿Sintió Trotsky en sus sesera el verdadero sentido de la revolución rusa cuando Ramón Mercader le clavó un piolet en la cabeza? ¿Lo hubiera sentido más con un crampón? ¿Es posible que se le aflojara el esfínter en el momento del impacto? El estreñimiento, los calambres y el abdomen hinchado son las primeras causas del alzamiento de toda sociedad. La alergia al gluten y la intolerancia a la lactosa han hecho más por la disolución del absolutismo que cualquier sistema ideológico. Una intoxicación alimentaria en un momento histórico determinado proporciona un giro copernicano a los hábitos nutricionales.

Vodka y alubias

Es de sobra conocida la anécdota que nos proporciona Alexei Ulianov, un bolchevique venido a más después de una ingesta de vodka y alubias. Fue tal el ímpetu que mostró en la toma del palacio de invierno durante la revolución de octubre del 17, que las milicias rojas le condecoraron con la primera medalla del movimiento. Su hazaña fue decorar la fachada del citado palacio con diarrea, pero esmerándose, en un perfecto cirílico escribió: “viva la revolución, muerte a los zares”. Aún nadie se explica como un hombre de metro sesenta y unos cincuenta kilos de peso pudo soltar aquello por el ano. Expertos populistas sostienen que se trataba de una disentería amebiana muy bien dosificada a causa del frío.

Pero la gloria del comunismo se disipó, pues nunca ha podido con el capitalismo más galopante. Todos las células de todos los países en los que se instaló han ido desapareciendo poco a poco, en unos casos por el fascismo, en otros por el libre pensamiento, siempre de mercado, claro. Esto nos lleva al curioso fenómeno de las pelucas de los comunistas exiliados.

La foto de cabecera es de Xuan Che bajo licencia Creative Commons.

Fernando Labordeta

Fernando Labordeta Blanco (1972) lleva dedicado activamente al hecho artístico desde 1991. En este tiempo ha escrito libros de poesía y pensamiento, artículos periodísticos, obras dramáticas, canciones, diseñado exposiciones, libros y carteles, actuado con diversas compañías andaluzas, pintado cuadros, dirigido obras de teatro y talleres. Entre sus libros publicados cabe destacar: 'dueto', 'el gran sur', 'itinerante', 'lenguaje teatral', 'música de fondo', 'el vientre de las nubes', 'poemas para Erlinda'. Cabe mencionar, aparte de la mencionada trilogía, las siguientes obras de teatro estrenadas: 'Los locos: una hora de amor', 'obra de arte', 'infierno', 'Paloma y Adrián son pareja formal'. Para los alumnos del máster de pedagogía artística de la universidad de Almería escribió la conferencia 'El lugar de la representación'. Tanto en el terreno literario como actoral ha recibido diversas menciones y premios.

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