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Nuestro Pingurucho

La escritora Carmen Ravassa cuenta la historia del monumento a Los Coloraos

Cuando empecé a informarme sobre los cariñosamente llamados Coloraos, leí varios libros sobre el tema, pero quería ser lo más neutral posible, de modo que me dirigí a la fuente primaria a beber directamente de sus aguas: El Archivo Municipal de Almería.

Allí me sumergí en esos papeles y entonces supe, con toda certeza, que este grupo de liberales —al igual que otros en distintos lugares del país—, se rebelaron contra el absolutismo de Fernando VII, el rey felón que tuvo que soportar España, quien no quiso jamás acatar la Constitución de 1812, desarrollada durante su reclusión en Francia, y sobre la que se basa nuestra actual constitución.

Estos militares y algunos civiles, arribaron a las costa de Almería vistiendo la chaqueta roja del uniforme inglés, de ahí el sobrenombre de los Coloraos que los almerienses, muy dados a «bautizar», les dieron. Bien, pues como los estaban esperando, fueron cogidos presos y fusilados de manera ignominiosa —de espaldas y de rodillas—, y enterrados en una fosa común.

Una vez muerto el Rey, Almería solicitó a su hija, ya Reina, inhumarlos y darles la sepultura y el respeto que merecían. Para ello se construyó un Cenotafio en la puerta del antiguo cementerio de Belén, y depositaron sus cadáveres en el interior. Ante el mencionado sepulcro, el pueblo todos los años les ha rendido homenaje bajo el título de Mártires de la Libertad.

El pingurucho. Foto: José Antonio Junqueras

Por motivos de todos ya conocidos, este monumento —algo cambiado para que fuese más regio ya que el primitivo era bastante sencillo—, terminó en la Plaza de la Constitución y con los restos perdidos.

Un pingurucho de mármol

Tras los dos años investigando para escribir mi libro, reconozco que he terminado no solo admirándolos profundamente, sino también amándolos como si fuesen familia mía. Y este Monumento de mármol blanco de Macael —al que aún le falta inscribir sus nombres, como tenía antiguamente— los representa y nos recuerda su sacrificio. Hoy, en este gran patrimonio de nuestra ciudad, late una parte muy importante de nuestra historia de Almería, sucedida en agosto de 1824, y salvajemente terminada el 24 de aquel mes.

Lo importante en la actualidad es que las cenizas de nuestros admirados héroes, encontrados por fin, regresen al lugar que ocuparon, pues para eso que fue construido el primer mausoleo —llamado erróneamente cenotafio—, un sepulcro magnífico y soberbio en honor a alguien.

Texto: Carmen Ravassa Lao, escritora

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